Tara es la Madre y está más cerca que los latidos del corazón para los tibetanos.  En sánscrito, la palabra Tara significa Estrella.  Nosotros escuchamos el eco de su nombre en tierras latinas, en la Madre Tierra.

Los druidas la llaman Madre Diosa Tara.  Según una antigua saga de Finlandia, desde hace 5 millones de años, existen historias de Tara, mujer de sabiduría.

Una tribu indígena de los bosques de América del Sur, los Tarahumara, rinden culto a la Diosa.

El pueblo cheyenne  habla de la Mujer Estrella que cayó del cielo a la tierra y que, a partir de su cuerpo, creció todo el alimento esencial.  Envió a su pueblo a casarse con los habitantes más primitivos que había en la tierra y entregarles las capacidades para adquirir sabiduría.  

Esta leyenda resuena con las investigaciones más recientes de Z. Sitchin, que hablan de IshTar, que vino a la tierra de otro sistema planetario e instruyó a su pueblo para que se casara con los terrícolas y los hiciera capaces de muchas cosas.

Envuelta en un misterio, revelada como un milagro, la Gran Diosa ha sido adorada durante milenios.  Evidencias reveladas en forma de esculturas, descubiertas en cavernas prehistóricas de más 30.000 años de antigüedad, revelan que el culto a la Diosa es más antiguo que la memoria de la humanidad.

Leyendas y mitos de diversas culturas alaban a aquella que trae vida, a aquella que corporiza la sabiduría, la gran madre compasiva, estrella del firmamento.  La han llamado con muchos nombres y Ella se ha revelado de muchas formas.

Su culto continúa hasta hoy en antiguas culturas de Asia y en la búsqueda del siglo XXI del femenino perdido.

Para los tibetanos, por sobre un dios o una diosa está Buda, el que trascendió los ciclos del nacimiento y la muerte.  Ese ser iluminado alcanzó la más alta sabiduría, compasión y capacidad.  Tara es vista de una forma elevada y es considerada la Madre de todos los Budas.

Los budas integran todos los aspectos y las posibilidades.  Son como un todo que existe.  Pueden manifestar cuerpos de luz y brillo, y pueden emanar cuerpos con forma en el mundo para traer beneficios a este mundo de confusión y desafíos.

Tara es una Buda.  Es conocida por los tibetanos como Aquella que es Fiel, la Feroz Protección.  Hasta el día de hoy, existen historias que hablan de su intervención y asistencia a los refugiados que dejaron el Tíbet debido a los horrores de la ocupación china.

“En el sistema de prácticas para el entrenamiento de la mente ofrecido por los grandes maestros de la sabiduría tibetana, Tara es el arquetipo de nuestra propia sabiduría interior.  Esa sabiduría habla de la transformación de la conciencia, de un viaje a la libertad.  En nuestras enseñanzas de Tara, hay medios simples y directos para que cada persona descubra en sí misma la sabiduría, la compasión y la gloria que son Tara” (Prema Dasara, 2002).

OM TARE TUTTARE TURE SOHA

OM TARE TUTTARE TURE SOHA

OM TARE TUTARE TURE SOHA

OM indica todo lo que existe;

TARE, Grande, Respetada Madre.

TUTARE la describe como removedora de todos los obstáculos,

mientras TURE la describe como la que satisface todas las necesidades.

SOHA es un cierre para el mantra, explicitando que es así, como siempre ha sido, y como siempre será.

Tara, Gran Madre, que Remueve Obstáculos y Satisface las Necesidades. ¡Qué así sea!

Esas sílabas sagradas, usadas por incontables generaciones de practicantes de Tara, tiene impacto en la mente de las danzarinas y en el mundo a su alrededor.

Los movimientos refuerzan el significado de las palabras.  En la parte del mantra en la danza, las danzarinas entonan el mantra mientras se concentran en recibir la luz de Tara, bendecir la tierra, hacer ofrendas, recibir bendiciones y enviarlas al mundo para curar el sufrimiento de todos los seres.

Esta meditación de compasión alienta a las danzarinas a comprometerse en una acción compasiva en su vida. Danzando como Tara, alientan a las practicantes a actuar con sabiduría y compasión en sus relaciones y en la manera de ver a las otras personas.